¿Qué tanto puede afectar en realidad retirar a los mejores ejemplares en el futuro genético del hato?
Fecha original: 16 de Agosto del 2005
Quizás uno de los aspectos que suscita más polémica y críticas por parte de los Anti-cazadores, y que es capaz de desatar interminables discusiones, sea el afán de algunos deportistas cinegéticos por buscar y cazar exclusivamente a los ejemplares más grandes y con mejor conformación genética es decir, los “Cazadores de trofeos”. Entre los argumentos que esgrimen con más frecuencia están; … “Que estas personas no cazan por la afición misma a la cacería o por saborear y aprovechar la carne, sino para complacer su vanidad”, y que; … “Están poniendo en juego el futuro genético de la especie, pues están matando únicamente a los mejores ejemplares, y estos no van a poder transmitir sus valiosos genes a futuras generaciones”. Y suena hasta cierto punto razonable e indefendible. Pero, cuando la información es incompleta o superficial, tiende a malinterpretarse o a analizarse a la ligera y más por las personas que desconocen el tema o son prejuiciosas.
En realidad, el valor genético en un grupo de venados no solo está prendado y dependiendo de unos cuantos machos viejos con enormes astas, y retorcidos colmillos. Tiene raíces mucho más profundas y está presente, en todos los ejemplares que conforman el hato. Y con mayor razón en los machos y hembras más jóvenes, los cuales preservan su alto valor genético aunque no estén aún participando en la procreación. Se ha demostrado también que las hembras tienen el poder de transmitir su genética a la siguiente generación por lo menos en un 50 %, y probablemente más. Ahora, los Biólogos están volteando a ver a las venadas asombrados del poder de transmisión de sus genes paternos a sus crías, actualmente este concepto es aprovechado comercialmente y el valor monetario de las venadas está subiendo rápidamente por esta razón.
Por otro lado, si analizamos la repercusión y el efecto real que el hombre “cazador” tiene en el sector masculino del hato comparándolo con otros depredadores o con otras causas de mortalidad veríamos que:
1.- Se calcula una mortandad entre las crías que nacen cada año, (solo durante los primeros 6 meses de edad), de cerca del 40% , es decir solo el 60% de las crías que nacieron van a sobrevivir a finales del año y se integrarán al hato. De cada 100 crías que nacen 20 machos pequeños no sobrevivirán al año próximo.
2.- Las enfermedades, los parásitos, la vejez, los depredadores, las sequías y el Invierno también cobraran su cuota y serán responsables de la desaparición de más del 30% del hato durante el año.
3.- A comparación de otros depredadores mucho más competentes, los cuales nos superan ampliamente (aún con nuestras modernas armas), y los cuales cazan durante todo el año y no reparan en despachar machos de cualquier edad, el hombre “caza trofeos”, solo afecta durante unas pocos días del año y elige solo a los machos más viejos que pasan al alcance de su vista y de su arma, en ocasiones tan limitada como un arco y una flecha.. Sabemos que para que un macho alcance el potencial de ser un verdadero trofeo debe tener por lo menos 5 ½ a 7 ½ años de edad.
Estos actuales y efímeros “Monarcas” están destinados a morir de inanición en poco tiempo por el desgaste en sus molares, serán depredados fácilmente debido a la creciente artritis, o serán vencidos, desterrados o muertos violentamente por los machos que están en plenitud de tamaño y fuerza. Aún así, solo muy pocos de estos valiosos “Trofeos” serán abatidos por cazadores. Muchos, la mayoría de ellos, morirán sin pena ni gloria en apartados y sombríos parajes.
Como vemos, el efecto o repercusión que en un momento dado, podría tener el “Cazador de Trofeos” no representa un daño en el futuro genético del hato, pues de los machos que mueren o son depredados cada año, una ínfima parte de ellos será cobrado como trofeo. Y además estos serán de alguna manera inmortalizados en hermosas cabezas y en imborrables recuerdos para el orgulloso cazador, pese a quien le pese.
Alejandro González de Cossio Septién