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“Historias del Cola blanca”

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Orígenes (Relación entre el hombre y el venado cola blanca)

Artículo para el periódico “El Zócalo” 1ª quincena de Feb/2006

Fecha Original: Febrero de 2006 (1ª quincena)

El origen de los cérvidos o ciervos, y por tanto del venado Cola blanca se remonta a tal vez más de 20 millones de años, la variedad de especies de ciervos que evolucionaron a través del tiempo es muy grande y variada, algunos alcanzaron enormes tamaños como el Alce y el Elk o Wapiti, mientras que otros no sobrepasaron el tamaño de un pequeño perro. Pero quizás el más conocido y desde luego el que acapara más atención por parte de los científicos y cazadores que lo estudian y acosan tratando inútilmente de descubrir sus secretos, es el Cola blanca, es sin duda uno de los animales más exitosos y adaptables, desafían al hombre en su afán por conquistar y adaptarse a nuevos territorios. Este arrogante y hermoso animal ha desarrollado un sofisticado equipo de detección, defensa y comunicación, comparados con ellos físicamente casi seríamos inútiles. Lo que más intriga a los científicos es la manera en que se comunican entre ellos. Aunque producen algunas vocalizaciones, y utilizan señales visuales, es mediante la mezcla de diversos olores que producen que se identifican e interactúan. Las numerosas glándulas que poseen por todo el cuerpo secretan sustancias químicas que son algunas veces mezcladas con orines o saliva para crear un complejo código de señalamientos que solo ellos perciben y entienden. Ellos pueden identificarse individualmente y alertar a otros venados a través de estas misteriosas pociones, dejar un rastro cuando huyen atemorizados de algún peligro para que sus crías los puedan seguir. Señalar sitios potencialmente peligrosos golpeando con sus patas delanteras el suelo, y avisarse entre ellos cuando están dispuestos a aparearse.

Para el cazador observador y conocedor localizar e identificar los lugares preferidos en donde los machos adultos dejan estas visibles marcas, le dará más oportunidad de sorprender al misterioso causante cuando regrese a revisar y remarcar sus complejos postes de señalamiento.

En los albores de la humanidad la relación entre el ciervo y el hombre era básicamente la del cazador y la presa, durante miles de años utilizamos su piel, comimos su carne y fabricamos rústicas herramientas con sus astas.

Pero en los últimos siglos el hombre a hecho un impacto muy grande en el destino y futuro de estos antiguos moradores de la tierra, ha dominado prácticamente todo el planeta y su influencia no solo ha desequilibrado los eco-sistemas en donde viven estos animales, sino que ahora intenta inclusive, modificarlos y manipularlos genéticamente, al igual que ha logrado crear razas de caballos enanos, perros de todas formas y tamaños, vacas que son unas verdaderas fábricas de producir leche, ahora está tratando de manipular también, los genes del venado cola blanca, el cual es ya de por si una perfecta muestra de adaptación evolutiva.

En su loco afán por reinventar las cosas a su modo y gusto ha hecho que algunos venados desarrollen grotescas y exageradas astas, estas modificaciones genéticas podrían traer funestas consecuencias en generaciones futuras, pues al igual que el agua contaminada se diluye y persiste con el tiempo, estas alteraciones genéticas serán trasmitidas de generación a generación.

Así mismo, estamos modificando el entorno y la vegetación que forma parte de la dieta natural del venado. Cientos de miles de venados dependen actualmente casi en un 100% de los campos agrícolas en algunas partes del territorio Americano, para ellos los cultivos agrícolas representan una oferta de ramoneo ilimitada. El número de venados se ha disparado hacia arriba alarmantemente, el hacinamiento y el constante contacto entre diversos grupos ha provocado brotes de enfermedades que se propagan rápidamente aún entre los hatos salvajes. Otra tendencia muy común es aislar a una cierta población de venados cercando con mallas de gran altura parte de su hábitat, al confinar y encerrar a los venados dentro del cerco no permitimos el flujo, es decir la migración e inmigración de ejemplares que es el intercambio natural entre grupos de venados.

De esta manera aumentamos el número de ejemplares que un determinado hábitat puede soportar. Al darles alimento en invierno o en años secos estamos interfiriendo con el curso mismo de la naturaleza. Los Biólogos aún no pueden determinar si es conveniente o no alimentar a los venados durante inviernos muy fríos o prolongados y salvarlos de una muerte dictada por la naturaleza, por así decirlo.

Aún cuando no cerquemos, pero pongamos a la disposición de los venados parcelas sembradas de cereales y forrajes, para alimentarlos durante la escasez de forraje en el hábitat, estaremos modificando su entorno natural y por lo tanto las circunstancias naturales que podrían diezmar o reducir al hato.

Pero si ya estamos dispuestos a llevar a cabo nuestros proyectos y pretendemos influir en el hato de venados que habitan en nuestros ranchos, que en realidad, no son nuestros, pues forman parte de un increíble eco-sistema llamado tierra y es un patrimonio universal, solo somos sus temporales y efímeros guardianes y usufructuarios, debemos estar consientes de la enorme responsabilidad que nos estamos echando encima. Sobre todo si estamos encerrando un hato de venados dentro de una cerca.

Alejandro González de Cossio

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