Fecha original: 2010
“No todos los venados adultos que conforman una población determinada en una cierta región lograrán sobrevivir al año entrante, ni tampoco todas las crías que nacerán durante los meses de junio, julio y agosto de ese año lo lograrán.”
La relación entre los índices de mortandad, supervivencia y reproducción anual de un hato de venados está íntimamente ligada, y es afectada por los mismos factores que en un momento dado intervienen de manera favorable o desfavorable año tras año. Un hato que a duras penas logra sostenerse con el alimento escaso y pobre que su hábitat les ofrece no podrá defenderse de un clima severo o de una prolongada sequía ni podrá resistir al parasitismo y enfermedades que lo acosan aprovechando su inestable salud.
El rendimiento y potencial reproductivo de los venados depende en gran parte de que logren mantener una suficientemente buena condición corporal durante todo el año. Si las crías que nacen son pobremente alimentadas por una madre famélica que produce poca leche, estas no lograrán llegar, si es que sobreviven, a la biomasa corporal necesaria para soportar los duros meses de invierno; si son hembras, no alcanzarán su madurez sexual inclusive cuando cumplan un año y medio. Algunas de las pocas hembras que quedaron preñadas en el celo llegarán incluso a reabsorber el embrión, como un mecanismo de su propio organismo que las defiende de una muerte probable por inanición si tuviesen que seguir manteniendo el desarrollo del feto.
Las débiles crías que logren sobrevivir todavía tendrán que enfrentar meses secos y fríos y competirán con adultos dominantes y agresivos por el escaso alimento. El forraje de primavera y verano puede ser también inadecuado en un hábitat pobre para que las crías del año anterior recuperen su peso, hembras jóvenes sujetas a este prolongado estrés no ovularán o lograrán concebir, tendrán menos embriones y sus fetos tendrán índices más altos de muerte prenatal. En contraste, poblaciones sanas y en un hábitat dentro de su capacidad de carga tendrán hembras primerizas con 1.7 y 1.8 embriones por hembra y prácticamente el 100% de ellas quedarán preñadas.
Venadas adultas de 2.5 años y mayores generalmente logran una tasa de preñez entre el 85 a 96 % y de 1.8 a 2.05 crías o embriones. Una típica venada adulta tendrá primero que recuperar el peso perdido durante el invierno, la demandante producción de leche materna para alimentar una o dos crías, prepararse para el siguiente invierno, mantener el rápido desarrollo de los embriones y otra vez la lactancia. En hábitats pobres o sobre poblados muchas veces las hembras que lograron alimentar crías un año no lograrán recuperarse para volver a tener cría el siguiente año.
El peso corporal y la condición de todos los venados al llegar al final de otoño y principio del invierno es una buena medida para evaluar la calidad y oferta de alimento en un hábitat y el estatus en que se encuentra el hato con respecto a la capacidad de carga de este. Esta condición corporal claramente estará ligada a la tasa probable de supervivencia que tendrá el hato rumbo al año próximo, debido a la reserva de grasa acumulada que lograron obtener los venados durante el año y que los ayudará a pasar los duros meses que les esperan.
El crecimiento de las astas en los venados de año y medio y el grosor promedio de sus bases son también un buen indicador del estatus del resto del hato. En condiciones favorables casi todos los machos Jóvenes de un año y medio presentan astas con 4, 6 y hasta 8 puntas, en cambio en caso de una acusada sobrepoblación en un hábitat estos solo presentarán 2 delgadas puntas o como comúnmente se les conoce “aleznillados”; como mencionamos, el diámetro en la base de estas primeras pequeñas astas en los machos de año y medio es un buen indicador, cuando este no pasa de 15 o 16 mm señala una mala nutrición o un hábitat pobre o sobrecargado, cuando alcanza entre 19 y 22 mm es un desarrollo normal y deseable. Es recomendable que se haga esta medición año tras año para obtener fluctuaciones notables y observar tendencias.
La constante evaluación durante todo el año, tanto del hábitat como de los venados nos permitirá notar lo que está pasando, y reaccionar con tiempo, pues ambos pueden deteriorarse rápidamente, es importante llevar registros del número de crías que acompañan a las venadas, de las astas que se observan en los venados jóvenes y de la condición de los machos adultos después del celo. Recolectar la mayor cantidad de astas tiradas también nos dará un indicativo del tamaño, peso y masa que están logrando nuestros venados, vaciar estos datos y conservarlos año tras año nos demostrará si estamos haciendo bien las cosas o debemos intervenir para corregirlas.
Los venados muertos que logremos observar durante el año por depredación, inanición en invierno, enfermedades, accidentes y caza ilegal nos indicarán que tanta es la pérdida de individuos en la población, si es más persistente en el sector de las hembras es particularmente preocupante, pues repercutirá en índices reproductivos más bajos en los próximos ciclos.
Una depredación excesiva también inclinará la balanza hacia una mayor tasa de mortandad que reproductiva, por lo que se deberá controlar el número de coyotes, gatos monteses y pumas.
Finalmente, el peso corporal observado en los venados durante el año es un excelente barómetro de la condición general del hato, pues es el resultado “neto” del intercambio nutricional y energético del hábitat con el mismo venado.
Si logramos un balance adecuado entre el rendimiento del hato de venados respecto a su reproducción, tamaño de sus astas y sobrevivencia, estaremos también logrando la conservación de un hábitat sano, pues como se ha dicho en variados foros, un hato sano de venados es sinónimo de un hábitat sano.
Alejandro González de Cossío
Revista “Gran Safari” / Año 3 / No. 2 / 2010

