“Un tiro certero” ……………………………… Debemos asegurar nuestro tiro.
Artículo para la 1a Quincena de Diciembre del 2005
Fecha Original: 11 de Noviembre del 2005
Independientemente si se tira con arco y flecha o con un rifle de alto poder, nuestro deber es “por ética” tratar de asegurar nuestro tiro, no solo para aprovechar la oportunidad de lograr abatir el trofeo, sino porque un tiro hecho con precipitación y a la pasada puede traer consecuencias posteriores que afectarán tanto al animal herido como a nosotros.
En primer lugar, cuando decidimos hacernos cazadores, (el cual fue probablemente uno de los primeros oficios del hombre), nuestra primera obligación es aprender a utilizar correcta y eficientemente el arma que vamos a usar para cazar, es decir practicar mucho. Debemos conocer y “reconocer” las limitaciones y distancias a las que cada uno de nosotros puede lograr un tiro certero. “Esto es más crítico todavía en los arqueros”. Otro aspecto importante es conocer perfectamente la anatomía de la presa que queremos abatir y saber en donde debemos colocar el tiro dependiendo de la posición del animal.
Yo creo que no es ajeno a ninguno de nosotros y seguramente les ha pasado, el fallar el tiro más sencillo y cercano a un blanco o a un venado cuando intervinieron los nervios o cuando estamos en público, pocas gentes realmente pueden mantener los nervios controlados en estas situaciones y son, por lo general los que casi siempre ganan. Cuando un venado aparece repentinamente en nuestro camino o lo vemos parado en la loma de enfrente, siempre nos sorprende y hace que nuestros corazones salten, sentimos la adrenalina correr por nuestro cuerpo. En ese momento es fácil percibir quien es un cazador experimentado y quien no. Ahí empezamos a cometer los primeros errores, entre los más comunes están; Parar súbitamente, o desplazarnos rápidamente a otro lugar para verlo mejor, señalarlo con la mano y hablar, levantar el rifle o los binoculares para verlo, Etc. De esta manera solo alertamos más al venado de nuestra presencia, si está muy cerca se sentirá amenazado por nuestros movimientos y huirá rápidamente, si está en una loma lejana, lo que el pensó inicialmente que era otro animal desplazándose a otro lugar, sabrá que es algo distinto y amenazante y saldrá corriendo cuesta arriba. Lo que debemos hacer en esas situaciones es “no pararnos”, sino caminar lenta y pausadamente, casi sin voltear a ver al venado hasta perdernos de su vista, el muy cercano posiblemente escapó, pero no está alarmado y son muy “curiosos”, el de la loma de enfrente seguramente sigue ahí. Podremos entonces parar por unos segundos y escuchar, para regresar lentamente y en silencio al lugar, cubriéndonos con los matorrales y árboles para tratar de descubrir a cualquiera de los venados, según el caso. Debemos pensar en una estrategia y calmar nuestros nervios, podremos recargar nuestra arma contra una rama o tronco de árbol y esperar con “paciencia” el momento en que el venado se pare y se relaje.
En caso de proceder de distinta manera y tirar precipitadamente al bulto, casi sin apuntar, probablemente nuestro tiro este mal colocado. Si tuvimos la fortuna de quebrarle el espinazo, o pegarle en el cuello el animal se quedará en el lugar.
Pero si le dimos en la panza, en el anca o en las patas, el pobre animal saldrá como pueda huyendo de ahí. Nunca salgamos corriendo detrás de el, pues solo lo estaremos acicateando y nunca parará. Un venado que se siente herido tiende a correr hasta ponerse a prudente distancia y parará, o tal vez se echará, lo que enfriará sus músculos y lo debilitará por la pérdida de sangre. Los venados son muy resistentes, su organismo los defiende de una manera increíble de la pérdida de sangre, produce una sustancia que coagula rápidamente su sangre y bloquea las arterias cortadas o dañadas, se contraen sus venas y solamente son irrigados los órganos importantes, otra especie de adrenalina lo defiende del dolor y le da fuerzas para huir. Aún con el corazón atravesado pueden correr por varios cientos de metros. Pero, si está “panzeado”, una terrible muerte lo espera. Por varios días vagará sufriendo y sin poder comer hasta que la infección o los depredadores acaben con su vida. Y nosotros perderemos la pieza, lo cual lo tenemos bien merecido.
Otra cosa importante, cuando un venado deja un buen rastro de sangre quiere decir que aunque la bala o la flecha pegaron en área de músculos y no tocó algún órgano vital, seguramente seccionó o dañó alguna arteria importante, lo que desangrará al animal y morirá por falta de oxígeno, mismo que es transportado por la sangre que irriga al cerebro. Un venado que pierde más de una tercera parte de su sangre morirá, cuando este se está desangrando buscará el aguaje más cercano para saciar su sed.
En el caso de los arqueros, es muy importante escoger el momento adecuado para el tiro y observar la actitud del venado, solo debemos hacerlo a una distancia en la que nos sintamos confiados y cuando el venado este totalmente relajado y distraído, mejor aún, volteando para otro lado. El momento más difícil en la cacería con arco, y es en el que se cometen la mayoría de los errores, es al abrir el arco, este movimiento es fácilmente detectado o “escuchado”, sino por el venado al cual queremos abatir, por otros machos o hembras que están con el y tal vez observándonos. A esas cortas distancias los venados se sienten muy vulnerables y saldrán huyendo a toda carrera. “Cuidado con las ramas a nuestro alrededor”, debemos cortarlas con la mano o unas pinzas y darle al arco el espacio suficiente.
Alejandro González de Cossío Septién