La invasión del ser humano en los ecosistemas naturales que aún prevalecen, no solo afecta y mutila cada vez más los pocos lugares que aún se conservan vírgenes, sino que alteran de manera muy importante a los animales que de ellos dependen.
Los bosques y selvas que rodean a los Poblados poco a poco van perdiendo más y más ejemplares de fauna y flora. Otras especies distintas y ajenas a estos entornos invaden y deterioran amplias zonas que resguardaban y mantenían en perfecto equilibrio y convivencia a miles de organismos vivos.
En pocos años áridas estepas y erosionados montes sustituirán a los otrora ricos y fértiles ecosistemas.
Esta es la historia, triste por cierto, de un animal que no solo perdió su hogar y su familia, sino también su libertad. Pancho, como fue apodado por las personas que lo hallaron siendo un pequeño ciervo, tenía tan solo unos días de haber nacido, escondido entre densos matorrales e inmóvil, esperaba a que su madre regresara cada 8 horas a alimentarlo, su piel estaba cubierta de varias hileras de puntos blancos, que mimetizaban su silueta y lo hacían casi invisible, no tenía ningún olor que lo delatara a los depredadores, como coyotes y gatos monteses, su madre lo llamaba con un balido ronco y muy bajo, al que el pequeño venado respondía con pequeños maullidos.
Un día al estar reposando con su madre, un extraño ruido seguido de un brusco movimiento entre los matorrales llamó la atención de la venada, ella reconoció al instante la erguida silueta de un ser humano, presa del pánico, pero atemorizada por la vida de su cría, corrió alejándose unos pasos de esta, tratando de distraer la atención del intruso. Pero al sentir un agudo golpe en su costado y percibir un fuerte estallido, la venada intento un veloz escape, pero sus patas no respondieron, tendida en la hierba, poco a poco su vida fue escapándosele. La aterrada cría se aplastó contra la hierba, sus latidos casi cesaron, aún así no le valió para nada, unas fuertes manos la levantaron del suelo, presa del pánico, creyendo ser devorada en cualquier momento llamó con débiles berridos a su madre. Ese día cambiaría para siempre su vida, jamás volvería a vivir como un venado en libertad.
Pocos años después conocí a Pancho, tenía ya 3 años, una cuerda amarrada de su cuello marcaba hondas llagas en su piel ya sin pelo, el venado tiraba con fuerza de la soga que lo mantenía cautivo, trataba inútilmente de alcanzar alguna hoja tirada en el suelo para comer. Flaco, demacrado y abatido por los fuertes rayos del sol, defendía con el poco orgullo que aún latía en su corazón, e pequeño círculo que era su actual territorio. No dejaba que nadie se acercara, pero entraba en pánico cada vez que algún burro o caballo pasaba cerca del corral.
Esta historia no es un cuento, la historia de ese venado la supe de la boca del mismo cazador que cegó la vida de su madre, aburrido por tener al venado amarrado y tras mi insistencia para que me lo vendiera, finalmente accedió y por $ 1,500 pesos compré la libertad de ese pobre animal.
Reducido y amarrado finalmente por el esfuerzo de 3 personas, subí a Pancho a mi pickup, tras casi 3 horas subiendo a las sierra, bajamos a Pancho y lo liberamos en su antiguo hogar, al sentirse liberado, corrió unos 30 metros y se detuvo, nos miró por largos minutos, no se que estaría pensando, pero creo que nos estaba dando las gracias por devolverle su libertad.
Ese día y por varios días más me sentí muy contento, tal vez para muchas personas un venado no represente nada, para mi los venados son algo muy especial, no quisiera verlos sufrir, como no quisiera ver sufrir a mis propios hijos.
Alejandro González de Cossio
November /2005

Publicación Original:
Título: Pancho’s Story / La historia de Pancho